Inexplicable hasta todo punto es el caso/culebrón Matt Kiefer. El tema está rodeado de mucho misterio, como enorme iceberg, solo acierta a salir a la superficie unos pocos indicios que delatan la delirante actitud de un jugador, que hasta ahora era sinónimo de sobriedad y profesionalidad.
Y es que nada podía hacer preveer que el mejor fichaje de la temporada (ese pivot que nos iba a procurar un salto de calidad en la pintura, por fin un pivot que podía recibir bolas con asiduidad) se iba a torcer de forma tan drástica.
La pretemporada de Kiefer ya delataba una falta de actitud más que preocupante, en el juego no se aplicaba con ninguna fuerza, en las explicaciones de Andreu o de los segundos adoptaba una pose pasota que no hacía presagiar nada bueno. Más que apocado se mostraba como retador. Más que triste, cabreado. Y recalco: desde el principio su actitud fue más que preocupante, no haciendo ningún esfuerzo para integrarse ni en el juego ni en la dinámica del colectivo. Otro dato que el diario de Burgos apunta ayer es que ha adelgazado claramente, con lo que le costaba mucho más fijar su posición ante los pivots rivales en los partidos (y ante Manu Gómez en todos y cada uno de los entrenamientos).
En cuanto al equipo, a medida que transcurría la pretemporada, uno se daba cuenta que trabajaba a tres velocidades, una de crucero de los que conocen los sistemas de juego y automatismos que quiere Andreu, es decir, los jugadores que estuvieron el año pasado en el club, la segunda velocidad es la de los fichajes (lástima de Gloger, que distinto de Kiefer) que debían aplicarse por integrarse en el grupo, y que unos antes y otros después se van integrando gracias a su buena actitud y complicidad con el equipo. Y la tercera velocidad era la de Kiefer, del que se sentía que no evolucionaba nada en la dinámica del grupo. Se le dieron oportunidades y minutos (que creo que no mereció) en pretemporada para ver si mejoraba. Se le trató con cierta comprensión, pensando en que necesitaba un cierto margen para integrarse en el colectivo. Pero nada. No había nada que hacer.
La verdad es que para el club la situación parecía enquistada hasta que el jugador, al negarse a jugar, ha dado motivos suficientes para que el club pueda sancionarle disciplinariamente y poder rescindir de una forma no gravosa su contrato. Por suerte, porque la situación parece irrecuperable. Sólo me quedan dos alternativas para explicar el comportamiento del jugador; la primera es que Kiefer tenga una oferta de algún equipo que le ofrezca más dinero (aunque la situación de Kiefer fue mala desde el primer entrenamiento, no ha habido un cambio de actitud); y la segunda es que el jugador esté realmente en una mala disposición mental, se haya encontrado con algo que le provoque un cortocircuito y no pueda superar una situación negativa permaneciendo en Burgos. Este caso no cuadra con ciertas actitudes altaneras que ha tenido el jugador. Vamos, todo un enigma.
En todo caso, al club le recomendaría que tratase de quitarse el muerto lo antes posible. Eso sí, haciendo las cosas con buena letra y sin perder demasiado dinero, si es posible, porque Kiefer ya sólo puede ser un lastre para esta temporada. Lo que sí obligaría es al jugador a firmar una clausula por la que no pueda fichar este año por un equipo de la categoría, más que nada para no tener que sufrirle como visitante.
Luego, del posible sustituto, ya habrá tiempo de ficharle e integrarle en el equipo, eso sí, si pone interés de su parte.
lunes, 18 de octubre de 2010
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